Descripción
Hay días en los que no necesitas otro “detalle cualquiera”.
Necesitas algo que diga:
“Estoy contigo.”
Lola es justo eso.
No hace falta que hable.
Con verla ya te baja las revoluciones: blanca, suave, con su vestido rosa y esa carita de “aquí estás a salvo”.
Es el tipo de regalo que no se queda en una bolsa.
Se queda en la habitación.
En una estantería.
En la cama.
Y cada vez que alguien la mira, recuerda por qué se la regalaron.
Porque Lola no es un muñeco.
Es un abrazo pequeño que dura mucho.














Valoraciones
No hay valoraciones aún.